De nuevo fui como un libro abierto, débil ante mi amor, débil como siempre, en silencio mi dolor guardo con mucho sufrimiento. Hoy volví a meter la pata, como si predestinado por Dios a que todo lo malo suceda en mi vida. Dos personas muy especiales me han ayudado, por lo menos a levantarme de nuevo, volver a andar por esta vida, les estaré muy agradecido por siempre, suceda lo que suceda con el desenlace de esta historia de amor y dolor.
La trascendencia de hoy radica en la decisión que he tomado, basado en los consejos de estos dos seres tan especiales, mi segunda hermana mayor y una amiga poeta. La vida nos enseña que a pesar de todo uno debe seguir, pararse y jamás desfallecer ante lo que uno ama, pero para lograrlo muchas veces hay que tomar medidas dolorosas, acciones que te prueban lo que vales porque son necesarias para aliviar el dolor que sientes, es como un niño con un diente flojo, que le duele, que no quiere sentir mas dolor, pero para poder dejar de sentirlo debe sacárselo, eso también duele, tal vez bastante, pero hay que hacerlo.
He decidido sacarme el diente, sentir ése último dolor para dejar en algún momento que mi corazón sane y todo lo malo que pueda haber se vaya, es lo que en verdad deseo. La vida me esta enseñando en poco tiempo lo que debí aprender en el pasado, hablando de otras vidas, de otros tiempos. Muy arrogante fui muy seguro de las cosas, pero uno aprende a que lo que haces te marca para siempre para bien o para mal, en el camino el sentido de la amistad y el amor se hacen cada vez mas claros, sabes quienes te aman, sabes quienes te apoyan, sabes con quienes contar. No quiero volver a dejar entrar la tristeza en mi corazón ni en el de mi Alejandra, ella también sufre, por mi culpa, sólo busca un escape y si ése es el camino que ella quiere tomar dejaré que así sea porque ella no es mía, ya su corazón no me pertenece y si de verdad la amo irse debe.
Te amo Alejandra, te amo Victoria.